Las 5 anécdotas que no olvidaremos de nuestro viaje a Japón

Habíamos viajado desde Moscú y apenas empezábamos nuestra vuelta al mundo, los 4 días que habíamos pasado en la capital rusa no nos habían hecho “sentir” en ruta, no habíamos asimilado que finalmente estábamos empezado nuestro viaje soñado.

1. El Baño Japonés:

Llegamos a Tokio un martes al medio día, después de 9 horas de viaje y teníamos un hostal reservado por los 2 primeros días, luego de  una hora en metro de Tokio finalmente llegamos al K´S House Hostel.

Recepcion:

– Aquí están las llaves de su dormitorio, por favor utilizar el baño de la habitación y las duchas del segundo piso.

Jörg:

– Ok, todo claro

Nos dirigimos a nuestra habitación y somos los únicos huéspedes en ese momento, de inmediato Jorg se dirige al baño y acto seguido escucho:

– “baby este baño se ve como una nave espacial”

3 segundos después:

– “Scheisse! (mierda en alemán) baby esta caliente casi me quemo”

Yo no podía de la risa,  fue tanto que ni pude preguntar que había pasado exactamente, pero en ese momento entro otro huésped y no me dio tiempo de mas.

Cuando el calvo por fin salió del baño, le pregunte que había pasado, me dijo que la silla del inodoro estaba caliente y aunque la temperatura después resulto ser muy agradable, lo tomó por sorpresa y lo asusto un poco. También le pregunte que si había utilizado el agua para limpiarse y me respondió con un no! seco como si fuera pecado mortal. Algunos días después cedió y la curiosidad le gano, así que termino probando el chorrito de agua para limpiarse.

Uno bien montañero como decimos en Colombia en ese baño se sentía como que no sabia que hacer, yo por mi parte al principio tenia miedo de oprimir cualquier botón (pues todo estaba en Japonés) y terminar provocando una inundación, así que solo me decidí a probarlos en un baño donde toda la explicación estaba en ingles. Sin embargo de los 21 días en el país nipón solo en pocas ocasiones me anime a usarlo como ellos, la costumbre del papel me gano casi en el 99% de los casos.

2. Lavanderia Japonesa:

Cuando viajamos yo quisiera llevar mil outfits pero obvio no se puede y con cada viaje he aprendido a empacar menos y ser más practica, ademas porque algunos vuelos incluyen pago de equipaje facturado y eso nos incrementa costos. Para este viaje tanto Jörg como yo viajamos con 5 camisetas, 5 pares de medias, un pantalón, un short, 5 bóxer o ropa interior y algo para dormir que claro cada 5 días días tiene que lavarse, algunas veces directamente en el hostal hay maquinas de lavado, de esas que se escoge el programa de lavado y luego se les hecha monedas, en los hostales 99% de las veces tiene indicaciones en ingles para los que no hablamos el idioma local.

Cuando llegamos a Hiroshima habíamos escogido un Business Hotel, como Japón es un país un poco costoso la mayoría del tiempo nos quedamos en hostales en dormitorios compartidos y cada semana mas o menos dormíamos 2 ó 3 noches en habitación privada, para poder organizarnos mejor, tener un baño privado y sobre todo dormir mas plácidamente sin tanta gente que viene y va. Pero dejemos de cuentos y volvamos al principio, al estar en un hotel como este no había maquinas de lavado, aunque nos ofrecían lavado por prenda y el costo por una camiseta era de 400 Yenes, eso era lo que nos costaba una maquina de 6 kilos en un hostal y al ver que no teníamos nada que ponernos nos dimos a la búsqueda de un lugar donde poder lavar por un precio decente.

Fuimos a un hostal de la misma cadena de hostales donde dormimos en Tokio para ver si era posible que nos dejaran usar sus maquinas pero se negaron aunque nos dieron la dirección de un lugar publico en el centro de la ciudad donde por 300 yenes podríamos lavar hasta 10 kilos, después de buscar la zona, que por cierto no era de las mejores de Hiroshima en una esquina vimos las maquinas en un pequeño local y nos alegramos al saber que no tendríamos que ponernos medias olorosas al día siguiente. Y ahí empieza todo…

Entramos al local, 8 maquinas en total, y TODO, TODO en japonés, ustedes dirán pero es obvio poner la ropa y depositar las monedas y listo, pero no, no, no… no sabíamos que eran lavadoras y que eran secadoras, tampoco si una maquina hacia los dos programas, mucho menos si con los 300 yenes lavaba y después otros 300 yenes para secar, no había un lugar evidente donde poner el jabón y no estábamos seguros si la maquina lo proporcionaba o simplemente lo poníamos dentro de la maquina con todo y la ropa; Tampoco estaba claro cual de los 5 o 6 botones debíamos oprimir para que empezará, nos miramos y soltamos la carcajada.

Captura de pantalla 2015-04-06 a la(s) 10.12.29

Jörg me dice:

– ¿ entiendes algo?

Y yo lo miro con cara de es lógico que no y le respondo:

– hablo el mismo japonés que hablas tu

Jörg:

– ¿ y entonces? ¿hechamos la ropa? ¿pero y el jabón dónde? ¿habrá que comprarlo? ¿será que lava y seca?

Yo:

– No ni idea, yo creo que lo mejor es buscar ayuda, eso preguntemos que alguien sabrá, yo creo que todas esas letras en japonés explican como es la vaina.

Jörg:

– Listo entonces voy a buscar ayuda.

Pasaron 5 minutos, 10 minutos y Jörg no regresaba, yo ya estaba empezando a perder la paciencia y aunque miraba y miraba las letras, revisaba la maquina aquí y allá seguía sin entender ni papa.

Entra una mujer de unos 80 años a la lavandería con un pequeño carrito de esos que se usan para las compras o el mercado y pensé: gracias a Dios ahora miro como lo hace y lo copio y listo!, pues no fue tan fácil, la mujer no quería lavar, solamente estaba buscando un lugar donde poder quitarse su chaqueta para pegarse en el cuerpo sus parches calientes (en Japón venden unos parches tipo parche león, que no es para dolores musculares sino para mantener alta la temperatura del cuerpo durante el invierno), al parecer la mujer viva en la calle y se preparaba para el frío que estaba empezando a ponerse fuerte siendo las 8pm.

Por fin llego Jörg y le pregunto:

– ¿ que paso? ¿ como es?

esta en el proceso de responderme cuando segundos después entran 3 policías y me quede sorprendida.

Le pregunto:

– ¿que paso? ¿3 policías? ¿ que es esto?

Me miraba y podía ver como estaba a punto de soltar la carcajada, pero claro por respeto se lo reservo.

Estábamos en una lavandería en medio de Hiroshima, con una abuela medio desvestida y 3 policías “tratando” de leer las instrucciones para usar una lavadora, y les digo tratando porque aunque todo estaba en japonés y me imagino ellos saben leer perfectamente, ninguno de los 3 podía decirnos como era la vaina, el uno señalaba un botón, luego el otro le decía algo y le señalaba otro botón, mientras tanto el tercero abría y cerraba una de las maquinas y murmuraba algo, la abuela atrás solo observaba y Jörg y yo tratábamos de entender lo que nos decían en japonés, cuando por fin creíamos entender, uno desmentía al otro y le señalaba otros avisos, la mujer policía oprimía botones y nos señalaba los 300 yenes, y así por unos 10 minutos, finalmente y después de ver el estrés que generaba la situación a los policías les dijimos que todo estaba claro y que muchas gracias que ya sabíamos como usarlas, ninguno nos entendió porque ninguno hablaba ingles pero con un OK , OK fue suficiente para que salieran del local.

Habíamos quedado en las mismas, sin saber como era la cosa, pero muertos de risa de ver lo sucedido, finalmente le dije a Jörg que buscara en una tienda cercana jabón y oprimiríamos el primer botón a ver que pasaba, lo compro rápido y regreso, metimos la ropa a una maquina y la abuela a ver que no teníamos ni idea, se acerco, tomo las monedas y nos dijo: “coco, coco” (palabra japonesa para decir aquí) luego nos indico el botón y dijo de nuevo “coco, coco” y antes de salir nos mostró al final de la lavandería unas maquinas indicando nos que cuando estuviera listo debíamos meter la ropa mojada ahí para secar y de nuevo depositar 300 yenes y salió sonriendo.

Cuando ya por fin estábamos solos y la ropa estaba en el programa de lavado le pregunte a Jorg porque 3 policías habían “invadido” la lavandería y me contó, que cuando salió del local intento buscar una persona en la calle, pero al preguntar en ingles muchos le decían que no le entendían, o simplemente no querían hacer contacto (pues como les decía antes era una zona un poco difícil de la ciudad) entonces vio que justo en la esquina contraria a la lavandería había una estación de policía y decidió preguntar allí, sin éxito alguno, pues ellos tampoco le entendían, en principio le pasaron un papel en ingles acompañado de unos dibujos para marcar en X que decían:

– Me robaron
– Estoy perdido
– Me siento mal

y otros 5 dibujos que Jörg no recuerda, pero al verlo inmediatamente se lo regreso al policía y le volvió a preguntar en ingles por ayuda para leer en japonés, como el policía no entendió, llamo por teléfono a uno que aparentemente hablaba ingles, pero mi ingles es 100% mejor que el suyo y eso es mucho decir porque yo si acaso puedo decir: “Good Morning and Thanks”, así que Jorg devolvió el teléfono, agradeció al policía y salió para la lavandería de inmediato y lo que paso después fue que los 3 policías lo siguieron hasta la lavandería y lo demás ya ustedes lo saben.

Nunca olvidaremos esa noche y cuanto nos reímos de la situación, cuanto estrés tenían los pobres policías para entender como usar la maquina y sobre todo para poder indicarnos como hacerlo nosotros, fue uno de esos días para recordar.

3. Dormir en una capsula.

Desde que Japón se coló en nuestra lista de países a visitar estaba claro que una de las experiencias que no dejaríamos pasar por alto seria la de dormir en un hotel cápsula, nuestros sueños se vieron frustrados un par de veces haciendo las búsquedas por Booking y Trivago cuando los resultados solo alojaban cápsulas para hombres, me frustre, pero investigue y encontré cápsulas solo para mujeres, entonces me dije, pues nada una noche dormimos en hoteles separados él en la cápsula para hombres y yo en el hotel cápsula para mujeres y listo. El tema quedo ahí y semanas después googleando: “hoteles cápsula para parejas” encontré el Hotel Kiba y vi la luz.

La reservación la hicimos desde Frankfurt un mes antes y solamente por una noche, pues no sabíamos si nos iba a gustar o la claustrofobia nos llevaría al limite. Nos preguntábamos si dormir en una especie de ataúd seria algo que podríamos soportar, si seria ruidoso y sobre todo como seria el tema del aire dentro del lugar.

Tengo que decirles que la experticia fue ¡genial!, ¡nos encanto!, fue mucho mas placentera de lo que pensamos, mucho mas cómoda, muy organizada, poco ruidosa y sobre todo muy limpia.

Llegamos al hotel en la tarde y después de que la recepcionista nos hiciera un Tour por el hotel indicando donde estaban los lockers, los baños y el comedor, por fin llegamos al 5 piso donde se encontraba nuestra cápsula, aparentemente pequeña pero equipada con un televisor, radio, un buen colchón, dos almohadas, un futon y dos pijamas tipo japonés (kimonos), una pequeña persiana seria la “puerta” de nuestra cápsula y desde ese momento debería permanecer abajo. Al mirar en las cápsulas cercanas no había ninguna persiana abajo así que asumimos que no seriamos muchos esa noche, pero al regresar el hotel estaba completamente lleno, todas las persianas estaban abajo lo que indicaba que muchos o dormían o por lo menos habían hecho el check in.

Hotel Capsula

Había un par de avisos que indicaban guardar silencio, el hostal tenia pocos extranjeros (nosotros solo vimos 2 parejas mas) al parecer el resto eran japoneses que habían decidió pasar la noche del sábado en Tokio quizás de fiesta, de compras, o por un paseo corto. Increíblemente el lugar era silencioso (hasta ese momento no sabíamos los “silenciosos” que son los japonés, pero ya les hablare de eso en otro post).

Dormimos como reyes, cómodos, sin frío, sin ruido y la sensación fue exactamente la misma de cuando se duerme en un camping, incluso mejor porque al ser una “caja” no hay esquinas que molesten y no entra la luz y al subir la persiana, “la puerta” permanece abierta dando espacio para entrar y salir cómodamente.

Lo recomiendo 100% a todo el que visite Japón, hay opciones para todos los gustos y presupuestos, están por todo la ciudad, mi recomendación es que lo busquen por internet porque al estar todo en japonés es difícil saber que hotel es cápsula y cual no, o incluso saber si lo que tienes en frente es un hotel o no.

4. Bañarse al estilo japonés:

En este mismo post hablamos sobre el baño japonés, pero ahora nos referiremos específicamente a la ducha o la forma como toman un baño los nipones.

Después de esa noche en la cápsula, en la mañana nos dirigimos a los baños que nos había indicado la mujer el día anterior, separados para hombres y mujeres, yo entre con mi toallita en mano pensando encontrar una ducha y desde luego una “nave espacial” como ya era “normal” en los baños que habíamos estado; Vaya sorpresa me he llevado cuando entro y veo ese poco de japonesas sentadas en pequeños banquillos, algunas en ropa interior y otras ya vestidas secando su pelo o poniendose alguna de sus múltiples capas de cremas, solo una puerta que aparentemente llevaba a las duchas, cuando la abrí había una tina muy grande, un tipo jacuzzi pero sin tanta burbuja, y al lado derecho banquitos como los de afuera con espejos al frente, jabón para el cuerpo, jabón facial, champú y acondicionador y una pequeña manguera.

Esta foto no es de ese baño, es de un Onsen, pero un poco para que me entiendan a lo que me refiero.
Esta foto no es de ese baño, es de un Onsen, pero un poco para que me entiendan a lo que me refiero.

Y ahí estaba yo montañera (sin experiencia) parada sin tener ni idea que hacer, no sabia si quitarme la ropa ahí antes de entrar, ¿pero con todas las otras chicas al lado? ó entrar y desvestirme adentro pero no veía ningún lugar para dejar mi ropa, tampoco la toalla, no sabia si bañarme sentada o parada pero tampoco veía donde poner la manguera, afortunadamente todas estaban ya bañadas y estaban terminado de arreglarse, solo yo estaría ahí adentro, y no porque me de pena la desnudes ni mucho menos, sino porque no sabia cual era el proceso a seguir y no quería molestar ó incomodar a ninguna con mi ignorancia, sin pensarlo dos veces me quite la ropa la puse en silla que estaba al lado de la puerta junto con la toalla y entré, sinceramente me dio asco lo de la sentadita en el banquillo y como estaba sola me bañe con la manguera hechando agua para todos lados (luego aprendí correctamente como bañarme en un baño japonés o en un Onsen), eso sí, no me demore mucho porque no quería que entrara nadie y tampoco me metí en ese jacuzzi porque me siguió dando “cosita” , pero mi primer contacto con las duchas niponas fue una experiencia que no olvidare.

5. Regalo de un monje:

Estábamos en Nara y nos habíamos encontrado con otros dos colombianos que estaban de visita por Japón, después de visitar un par de templos y almorzar sushi, habíamos decidido dar un paseo por la parte antigua de la ciudad, pues la recomendación de la información turística indicaba visitar la zona para ver la “vida japonesa” en todo su esplendor, después de caminar varias calles y con algo de decepción no encontrábamos esas calles con casitas típicas, ni tampoco esos techos que se ven en las películas ó algo de lo que nosotros tenemos como estereotipo de Japon, pero encontramos lo que parecía ser un jardín con un tori en la entrada y después de comprarnos unas cervezas decidimos entrar.

Un par de pasos mas tarde nos dimos cuenta de que el lugar no era simplemente un “jardincito” ni mucho menos era un templo budista, no muy grande pero con jardines, cerezos casi a punto de florecer y un pequeño cementerio, adentro varios monjes se preparaban para una ceremonia que se llevaría acabo al final de la tarde, y nosotros con cerveza en mano (que vergüenza).

Ese es el abanico que me regalo.
Ese es el abanico que me regalo.

Giovanni, Luis, Jorg y yo nos preguntamos si estaría permitido entrar, si habría algún problema porque estábamos tomando cerveza, sin embargo seguíamos entrando y ocultando a un lado del pantalón la lata. Metros mas adelante se encontraba el altar y ahí un par de monjes, uno de ellos salió a saludarnos, no hablaba mucho ingles pero nos explico lo que estaban organizando y nos invito a ver el altar, luego de eso uno de nosotros pregunto por una foto, con todo respeto pues pensamos que se negaría, pero que va, se puso feliz y empezó a posar para la foto, sonriente con dedo en alto, hicimos una sesión de fotos con cámaras de los cuatro, fue un momento muy bonito, muy lleno de risas, de esos donde la energía bonita rodea todo el ambiente. Giova le regalo una manilla con la bandera de Colombia impresa y cuando estábamos a punto de despedirnos ocurrió aún más magia, debajo de su hábito a un lado de su brazo tenia un abanico de uso personal, nos dijo que el diseño  indicaba como fueron las constelaciones hace más  de 200 años y de repente me mira y me dice esta un poco roto pero es para ti… No se imaginan como me sentí, lo mire y le pregunte : ¿para mi? -¡si un regalo!- , yo no podía creerlo, quizás puede ser que para otros no tenga mucho significado pero para mi fue un momento INCREIBLE que jamas olvidare, Jorg me miraba tan sorprendido y yo seguía mirando el abanico y al monje mientras Giovanni y Luis se tomaban las ultimas fotos.

La caminata no tenia calles históricas, ni casitas de ensueño pero ese encuentro con el monje fue la mejor muestra de la “vida japonesa” que pude tener en nuestra tarde por Nara.

De Japón tenemos muchas cosas que contar, muchas pequeñas anécdotas, momentos que hicieron el viaje único, el país nipón nos sorprendió en muchos aspectos, nos enseño mucho, nos probo en tolerancia, nos demostró el don de gente, la organización y las diferencias culturales con las que cada uno de nosotros crecimos, nos hizo sonreír en múltiples ocasiones, lleno nuestra cámara con paisajes maravillosos y nos confirmó que hicimos la elección correcta al incluirlo en nuestra vuelta al mundo.

 

 

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One thought on “Las 5 anécdotas que no olvidaremos de nuestro viaje a Japón

  1. Hola Vivi,

    Ya por fin comencé a leer todas tus aventuras, empecé por Japón y la verdad me siento como si estuviera allá. Es fascinante como nos cuentas tus historias y nos permites trasladarnos a lugares jamás imaginados. Un abrazo.

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