Llegando a Egipto.

Hace tan solo cuatro días llegamos a Egipto, parece mentira pues nos sentimos como si lleváramos semanas viajando por aquí y no se trata de que estemos acostumbrados a todo, mas bien no nos acostumbramos a nada, seguimos adaptando nos y aprendiendo cada segundo  desde que pisamos el aeropuerto del Cairo.

Llegamos el miércoles 5 de noviembre a las 9pm, después de un vuelo largo, aburrido, estrenaste y poco común, un pasajero problemático gritando en árabe fue “expulsado” del vuelo en medio de la confusión de todos los pasajeros, así que tuvimos que esperar mientras él bajaba y mientras que su equipaje era retirado del avión, turbulencias continuas retrasaron la comida, y a pesar de que la mitad del avión había recibo su cena, la otra mitad a la que pertenecíamos Jörg y yo tuvimos que esperar mientras el avión se estabilizaba y el piloto retomaba la orden de servir a los que estábamos sin cenar.

Finalmente aterrizamos en el Cairo y la aventura estaba por comenzar, un nuevo destino, nuevas costumbres, nuevos sueños cumplidos, después de pagar la visa, pasamos por migración y en 15 minutos estábamos listos, afuera nos esperaba Gabriel un árabe enviado por nuestro hotel para recogernos con un papelito diminuto y en él escrito Viviana y Jorge, al principio Jörg lo miro con desconfianza, a pesar de que estaba vestido de traje y corbata, gastados hasta sus últimos hilos, pero limpio dentro de lo posible y sonriente como ninguno, – “your wellcom” – “your wellcom” (You are welcom) decía el hombre de unos 70 años, mientras Jörg le lanzaba mil preguntas y el pobre como si le hablaran en chino, solo repetia: -your wellcom, your wellcom- ; Yo solo sonreía y le decía a Jörg: – tranquilo el tenia nuestros nombres y se ve amable confiemos en que todo estará bien-.

Ese fue el primer “choque” con el idioma, pues no todos hablan ingles y algunos hablan solo lo necesario para pequeñas negociaciones con los turistas, sin embargo Gabriel era tan dulce y amable que fue el perfecto recibimiento en Egipto.

Nuestra primera noche con la vista de las pirámides fue deslumbrante y la ansiedad por verlas en a la luz del sol nos hizo levantanos antes de las 6am del jueves, cámara en mano subimos a la terraza del hotel a ver el amanecer, 20 minutos después con manos y pies entumecidos pues en el Cairo las temperaturas en la mañana son muy bajas, aunque suben rápidamente, nos dimos cuenta que el sol saldría justo detrás de nosotros y lo que podríamos disfrutar desde ese lugar seria el atardecer no el amanecer…

cairo

Sin embargo no parábamos de mirarlas, las pirámides, esas que tanto habíamos visto en las películas estaban ahí al frente nuestro, imponentes como ningunas y llenas de historias, esperando que empezáramos a recorrerlas. La entrada abre a las 8 am y eran poco mas de las 6am, así que bajamos para ducharnos y desayunar (nuestro desayuno estaba incluido).

A las ocho menos cuarto estábamos en la puerta listos para entrar, evidentemente fuimos los primeros y por eso los camelleros nos asediaron sin cesar, Jörg con su paciencia casi nula, les decía que nos dejaran en paz, pero lo que el no sabia era que ese seria el principio del “acoso” egipcio a los turistas, pues en cada rincón encontraríamos uno que quería vendernos algo o pedirnos un propina.

Pasamos la mañana entera caminando y negando nos a pagar por un camello o caballo que nos llevará a recorrer la zona, sin embargo como turistas principiantes caímos con uno de ellos que al son de una foto, una sonrisa y como siempre diciendo “no money”  “no money” nos convenció de tomarnos 3 fotos con su camello para al final lanzar la frase: “propina para el camellito, el tiene que comer” en español eso si! , turistas ingenuos caímos! ……

piramides de Egipto

Foto aquí, foto allá, video, boca abierta…. mejor encuadre, no mejor esta este…. así pasamos mas de 5 horas en este maravilloso y mágico lugar que se quedará para siempre en nuestra mente pues es uno de los mejores lugares históricos que hemos visitado.

La tarde la pasamos en la terraza del hotel, y si! viendo las pirámides desde lejos, pero quien podría negarse a ellas si terminan por hipnotizar, mientras yo intentaba con el traductor de mi celular comunicarme con un Canadiense (pues yo no hablo ingles), Jörg recorría los rincones de Guiza, – según las señas que le dio un ayudante del hotel l-  para comprar cerveza y es que con esa pinta de turista y sin hablar ni cinco de árabe se dio mañas y consiguió una tiendita escondida donde le venden a los lugareños su licor y compro sus cervezas para prepararse para el espectáculo de luces, que cada noche ofrecen en las pirámides y que gracias a nuestra vista privilegiada no tendríamos que pagar y veríamos en la comodidad de nuestra silla.

egipto

Con el show y una deliciosa bandeja de carnes en un restaurante cercano termino nuestro primer día en Egipto.

 

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